Luis Bouza-Brey (20-7-10, 23:00 hs.)
Cataluña y Euskadi son plurinacionales de forma estructural. Hasta ahora los
nacionalistas huyen de asumir esa realidad plurinacional propia escudándose en
afirmar la plurinacionalidad de España. Si algún día fueran independientes tendrían
que abandonar esa comodidad y enfrentarse a su propia realidad plurinacional. Por
eso no se puede utilizar la excusa de la falta de reconocimiento plurinacional en
España para tratar de confundir federación, que significa reforzar los lazos de
unión desde la diversidad, con confederación, que implica abrir las puertas a la
disolución del Estado.
Decía el maestro Mitxelena, con la pasión que le caracterizaba, que las cuestiones
semánticas, tantas veces declaradas sin importancia, eran lo más importante para la
lengua. En su naturaleza comunitaria radica que cada individuo no pueda disponer
arbitrariamente de ellas.
En torno al nuevo Estatuto catalán, a la sentencia del Tribunal Constitucional y a
la respuesta de la clase política y mediática catalana, ha aparecido la afirmación
de que con esta sentencia se ha cerrado la puerta al desarrollo de la España
constitucional en línea con el pensamiento y los planteamientos del federalismo.
Nadie de los que lo afirman, sin embargo, se toma el trabajo de explicar qué
entiende por federalismo. Porque este término es utilizado como argumento en contra
de todo lo que suponga plantear dudas y críticas a los planteamientos en los que se
sustenta el Estatuto catalán.
Suponen los que recurren al federalismo como argumento a favor del Estatuto, y en
contra de las dudas críticas frente al mismo, que existe en Cataluña, y en el
conjunto de España, un sector progresista a quien el término federal le sugiere
posibilidades y potencialidades prometedoras para el desarrollo de la Constitución
española.
Pero primero hay que decir lo que entiende cada uno, y lo que entiende tanto el
derecho constitucional como la ciencia política en su gran mayoría, por federalismo,
por federación, y lo que algunos desde Cataluña entienden cuando usan esos términos.
Porque nos podríamos encontrar con que lo que quieren defender, y lo que en su
núcleo pretende el Estatuto catalán no es la federalización de España, sino la
confederalización del Estado. No defienden, pues, el federalismo y la federación,
sino que plantean que España se transforme en una confederación, algo radicalmente
distinto, y opuesto, a una federación.
Si seguimos, por ejemplo, a Daniel Elazar -uno de los académicos más citados en los
estudios sobre el federalismo, si no el que más- veremos que afirma que España, bajo
la Constitución del 78, es una federación 'in all but in name', en todo menos en el
nombre. Si miramos a la historia de EE UU, veremos que la Guerra de Secesión fue una
guerra en defensa de la Unión, llamada federación, en contra de la confederación,
considerada secesionista. Si tomamos la Constitución de EE UU veremos que afirma que
su propósito radica en formar una mejor unión a través de la federación.
Si nos acercamos a la Constitución de Suiza del año 1999, año de la última reforma
si no me equivoco, leeremos que la federación suiza se constituye por los cantones
individualmente nombrados y 'por los ciudadanos suizos'. Desde una tradición de
confederación en la que eran los cantones los constituyentes originales del Estado
suizo, Suiza da el paso a proclamar el Estado suizo constituido por los cantones y
por los ciudadanos suizos, reconociendo así la existencia de un pueblo suizo de
ciudadanos, además de la existencia de los cantones.
Si nos acercamos al estatuto de autonomía de uno de los Estados alemanes, el Estado
del Norte del Rhin y Westfalia -NRW-, el Estado más poblado de Alemania con más de
18 millones de habitantes, veremos que afirma que el Norte del Rhin y Westfalia se
da 'esta constitución' -no tienen empacho en llamar constitución a su estatuto de
autonomía- en unión con todos los alemanes, es decir no para separarse del resto de
alemanes, sino en unión con todos ellos. Y al igual que en otros Estados federales,
la federación alemana se rige por el principio de la lealtad federal: del todo con
las partes, y de las partes con el todo. Además establece la supremacía de las leyes
federales sobre las leyes de los Estados. Federación tiene que ver, por lo tanto,
primordialmente con unión. Y según el citado Elazar, las confederaciones y otros
tipos de pactos estatales no federativos, o se convierten en federaciones más bien
antes que más tarde, u optan por la constitución de Estados nacionales separados.
Existe, desde luego, una razón por la que algunos desde Cataluña están interesados
en confundir federación con confederación. Para ello usan el término del federalismo
plurinacional, implicando que no existe democracia real si no existe en las
federaciones un reconocimiento explícito de su plurinacionalidad constitutiva
-Ferrán Requejo, Miquel Caminal-. Partiendo de esa premisa, afirman que España no
será nunca un Estado federal si no llega al reconocimiento de las naciones que
existen dentro de ella y que le son constitutivas.
Es cierto que el pluralismo, también en el sentimiento de pertenencia, es
consustancial con la democracia. Otra cosa es que el pluralismo de pertenencia
nacional sea fácilmente territorializable en condiciones de segunda modernidad, de
complejización creciente de nuestras sociedades. Es evidente que en la medida en que
existen individuos que se sienten pertenecientes a la nación catalana, o a la vasca,
o a la española, esas naciones existen como algo de hecho, y a pesar de Pujol, quien
llegó a afirmar que la nación española no existía. Es también evidente que en esa
medida España como Estado, España como nación política, es plurinacional.
Pero también es evidente que en Cataluña, en Euskadi y en Galicia existen muchas
personas que se sienten pertenecientes a la nación española, y que la mayoría de
individuos en cualquiera de esas sociedades se sienten pertenecientes al mismo
tiempo en distintos grados a varias naciones, a la catalana, a la vasca, a la
gallega y también a la española.
Es cierto que España es plurinacional. Y tan cierto, o más, es que Cataluña y
Euskadi son plurinacionales de forma estructural. Hasta ahora los nacionalistas
huyen de asumir esa realidad plurinacional propia escudándose en afirmar la
plurinacionalidad de España. Si algún día fueran independientes tendrían que
abandonar esa comodidad y enfrentarse a su propia realidad plurinacional. Por eso no
se puede utilizar la excusa de la falta de reconocimiento plurinacional en España
para tratar de confundir federación, que significa reforzar los lazos de unión desde
la diversidad, con confederación, que implica abrir las puertas a la disolución del
Estado. Por algo los nacionalistas vascos y catalanes han estado siempre en contra
de las soluciones federales.
Joseba Arregui, EL CORREO, 18/7/2010
Breve comentario final:
ETNONACIONALISMO Y PLURALIDAD SON INCOMPATIBLES
Luis Bouza-Brey (20-7-10, 23:00 hs.)
Es imposible cuadrar el círculo del ETNONACIONALISMO: no pueden reconocer que
Cataluña, Euskadi o Galicia son plurinacionales porque para ellos la Nación es la
institucionalización del dominio exclusivo de una etnia sobre un territorio. En este
sentido, sus objetivos corresponden al siglo XIX, y no al XXI, en el que la única
forma de construir una Nación democrática es mediante el pluralismo. Y ese es el
proyecto del NACIONALISMO CÍVICO, en el que lo que cuenta son las personas y su
integración en un país o un Estado para constituir una Nación plural, que sea capaz
de representar mediante las instituciones democráticas los intereses generales,
equivalentes a la síntesis de los intereses de todos.
Por el contrario, el ETNONACIONALISMO lo que pretende es destruir el nacionalismo
cívico para imponer la hegemonía de una etnia al conjunto de la sociedad. Por eso,
la democracia española, chantajeada por los etnonacionalismos, sucumbirá si no es
capaz de imponer la ciudadanía como criterio político de pertenencia e identidad,
pues es el único que por su apertura es congruente con el pluralismo.
Por eso el etnonacionalismo es plural sólo de puertas afuera, cuando se reclama la
plurinacionalidad a un Estado que ya ha reconocido el pluralismo como su principio
constitutivo. Pero como, de puertas adentro, lo que se proponen es imponer el
monolitismo, la homogeneidad forzosa de una etnia y una lengua en un territorio, el
pluralismo constitutivo del Estado democrático se transforma en un obstáculo para
sus objetivos, y han de eliminarlo expulsando al Estado de su territorio mediante la
articulación del soberanismo confederal y/o independentista y su concreción en una
ideología caracterizada por la esquizofrenia paranoide, en la que se rechaza la
percepción de la sociedad real y se persigue a los que se rebelan frente a esta
imposición delirante como traidores al país, vendidos al enemigo exterior.
La resultante de todo ello es el ensalzamiento de la necedad como virtud, mediante
la creación de una psicología modal caracterizada por la simpleza y la cerrazón
mental, el rechazo a considerar como prioritarios los problemas reales de los
ciudadanos, y la inmersión en la "construcción nacional" y el delirio colectivo,
imponiendo la reacción como progreso, la opresión como liberación y la etnia como
nación.
