LA NÁUSEA NACIONALISTA. Por sebastián Urbina

Los síntomas suelen ser anuncios de que la salud puede estar en
peligro, bien por causas psíquicas, físicas, sociales o una
combinación de las mismas. Si salimos del ámbito de la medicina y nos
adentramos en otros terrenos, como el político, podemos percibir,
también, síntomas, que anuncian males peores. La náusea es uno de
estos síntomas.

En ‘La Náusea’, J.P. Sastre, hace que su personaje Antoine Roquentin
trate de reflejar su vida cotidiana en un diario, además de estudiar
la biografía de Rollebon, un aventurero del siglo XVIII. Pero
Roquentin, después de pasarse los días observando la realidad
circundante, tiene un sentimiento de repulsión de la cotidianeidad. Y
lo llama ‘la Náusea’. Y este peligroso síntoma le empuja al dulce
deseo de enfermar.

¿Qué tiene que ver esto con nuestros nacionalismos periféricos? Con
independencia de que ellos sientan desprecio, odio o náusea hacia España y  los
españoles, lo más injusto es que sus deposiciones emocionales e
intelectuales (por decir algo) les salgan gratis. Por ejemplo, quemar,
en público, la bandera española; quemar, en público, la foto del Jefe
del Estado; pitar al
himno nacional, y otras delicadezas periféricas.

¿Por qué les sale gratis? Por la cobardía y mediocridad de buena
parte de la clase política. Por supuesto, con las dignas excepciones
de rigor. ¿Se salva alguien de este miserable y cobarde contubernio?
De momento,
la única postura decente que percibo (aparte de las excepciones
mencionadas) es la de Rosa Díez (UPyD). Canta las cuarenta y, si es
necesario, las cincuenta. Y lo hace con rigor. Algunos dicen que habla
así porque representa a un partido pequeño. Me da igual. Hay que
juzgar a las personas por lo que hacen y dicen. Pero no podemos
condenar a una persona por lo que creemos que hará en el futuro.
Aunque no esté de acuerdo con todo lo que dice este partido.

Hablando de síntomas, quiero mencionar el comportamiento nacionalista con
motivo de la final de la Copa del Rey de fútbol entre el At. de Bilbao
y el Barcelona. No es sólo que el rebuzno ya forme parte de las señas
de identidad nacionalista. Es que destacados dirigentes del
nacionalismo vasco y catalán animaron o justificaron, directa o indirectamente,
insultar al Rey (Jefe del Estado) y a pitar al himno nacional. El
peneuvista Anasagasti fue uno de ellos. Recordemos que los
nacionalistas vascos subvencionan a la organización radical
antiespañola ‘Esait’ y los catalanistas subvencionan a ‘Catalunya
Acció’. Ni siquiera la payasada fue espontánea.

El portavoz de ERC en el Congreso, Joan Ridao, admitió que no le
gustaron los pitidos durante la interpretación del himno de España pero
pidió "respeto, vivir con normalidad y no rasgarse las vestiduras"
porque se trató, dijo, de una manifestación de la libertad de
expresión.

En declaraciones a TVE, Ridao criticó que la cadena pública hizo "un
flaco favor" a un hecho "normal y razonable en democracia", al no
emitir en directo ayer el himno español. La pitada y los abucheos al
himno nacional fueron, a su juicio, una expresión "digamos libre" de
"miles" de aficionados y, en definitiva, una "expresión de rechazo"
que "hay que respetar".

¿Qué pasaría si, en público, se hicieran estas demostraciones de
desprecio hacia las banderas y símbolos de las Comunidades vasca y
catalana? ¿Dirían que es ‘normal y razonable’? Creo que mienten como
bellacos. Y lo digo después de una larga experiencia, como los de mi
generación. Hemos soportado, durante décadas, la deslealtad, las
mentiras y el chantaje sistemáticos de los nacionalistas. Eso sí. Con
la inestimable y vergonzosa colaboración de los socialistas. Y la
medrosa y encogida actitud de los populares. De nuevo, con las
dignísimas excepciones de rigor.

Recordemos al bufón que dijo por TV3, ‘me cago en la puta España’, con
las risa periférica del presentador del programa y el regocijo del
auditorio. La Ministra Chacón se puso un suéter con el lema ‘Todos
somos Rubianes’, para defender al autor del insulto a España. Que
traducido significa, ‘Todos somos zafios como Rubianes’. ¿Haría lo
mismo la Ministra de Defensa si otro bufón dijera en TV1, ‘Me cago
en la puta Cataluña’? Claro que no. Se rasgaría el suéter con
desconsuelo y aflicción. Y pediría explicaciones.

 Pues bien, ahí está la enfermedad que los síntomas anuncian. El
desprecio a la nación española, el desprecio a lo que nos une y la
promoción de los que nos separa. Pues sí, la deslealtad, la mentira y
la zafiedad han llegado a tanto. A pesar de que hay muchas cosas que
nos unen. Pero han sido, y son, despreciadas por los nacionalistas y por
la  progresía, mediática y no mediática.

En resumen, si las fuerzas centrífugas, representadas por los
nacionalistas (y sus cómplices), pueden seguir su rosario de
chantajes, desprecios e
insultos sin que pase nada, seguirán su ‘normal y razonable’ proceder
hasta hundir el barco. Y las fuerzas constitucionales se la cogerán
con papel de fumar, como hasta ahora.

En cambio, el Presidente Sarkozy hizo suspender un partido de fútbol,
Francia-Túnez , porque se pitó al himno francés. Claro que este político
sabe defender la dignidad de la patria. Por algo sabe que su patria es Francia.
No como otros.

Sebastián Urbina.

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No se si se le ha ocurrido

No se si se le ha ocurrido pensar en estas manifestaciones anti-españolas como un síntoma de un problema, de que algo está fallando. Creo que no, piensa en términos de orden público. Simplemente hay que reprimirlo y ya está no? El honor de la Patria a costa de lo que sea, por encima de todo. Y luego llamará a OTROS nacionalistas.
Le diré una cosa, a "España" no le hace falta manifestaciones de despecio hacia catalanes ni vascos, porque ya lo hace el Estado con sus leyes, despectivas y discriminatorias, y la política, despectiva y discriminatoria. Lo que hacen los nacionalistas periféricos es simplemente una penosa "guerra de los pobres".