Clemente Polo
23 noviembre 2007
Instantánea histórica. Día 16 de noviembre, sesión plenaria 24.3 en el Parlament de Cataluña. Se debate una resolución presentada por los grupos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa (ICV-EUiA), socios del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) en el Gobierno de la Generalitat. La propuesta versa sobre los gravísimos problemas que afectan a los accesos ferroviarios de cercanías y regionales en Barcelona y sobre la asunción de responsabilidades de la Ministra de Fomento del Gobierno de España, Sra. Magdalena Álvarez, a la que consideran principal responsable de la actual crisis ferroviaria en Barcelona. En el hemiciclo hay un escaño vacío junto al que ocupa el Sr. Carod-Rovira, líder de ERC. Es el escaño del muy Honorable President de la Generalitat Sr. Montilla i Aguilera, ausente en tan importante cita. A la hora de votar, los tres partidos de la oposición Convergencia i Unió (CiU), Partido Popular (PP) y Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C-PC) suman sus votos a los nacionalistas que ganan por goleada: Parlament de Catalunya 96, Gobierno Central 36, abstenciones 1. Tres importantes conclusiones podemos extraer de esta gravísima iniciativa y votación parlamentaria.
Primera, el escaño vacío del Sr. Montilla simboliza la falta de autoridad y liderazgo del actual President de la Generalitat, incapaz siquiera de impedir que sus socios de Gobierno cuestionen a una Ministra y al Presidente del Gobierno de España desde una instancia política que no es competente para hacerlo, como es el Parlamento de una Comunidad Autónoma.
Segunda, los verdaderos responsables intelectuales y políticos del actual caos ferroviario en Barcelona, los partidos catalanes que exigieron a Fomento entre septiembre de 2000 y julio de 2002 alterar el trazado del AVE en su aproximación a Barcelona, han hecho lo único que son capaces de hacer a la perfección: echar balones fuera, responsabilizar a Madrid y al Gobierno de España de la situación y marcharse de rositas.
Y tercera, el desarrollo del debate y la votación en el Parlament han puesto de manifiesto la falta de perspicacia y altura política de los dos partidos de la oposición supuestamente no nacionalista, PP y C-PC, que sumaron alegremente sus votos a los de la hinchada independentista sin otra finalidad aparente que la de desgastar electoralmente al PSC y al PSOE, olvidando que lo verdaderamente importante en este lance no era dañar la imagen del Gobierno, sino desestimar la pretensión nacionalista de que el parlamento de una Comunidad Autónoma (CA) es competente para adoptar una resolución contra un Ministro del Gobierno de España.
I. Montilla ausente
Comencemos por la ausencia del Sr. Montilla. Si la Sra. Ministra lo ha hecho tan mal durante estos últimos meses como dicen ERC e ICV-EUiA, los socios de Gobierno del PSC, y el resto de grupos parlamentarios catalanes, ¿por qué no sumó el Sr. Montilla su voz y voto al coro de plañideras nacionalistas, al PP y a C-PC y exigió como ellos la dimisión de la Ministra por daños y perjuicios sin cuento contra Cataluña? Y, si la Sra. Ministra no lo ha hecho tan rematadamente mal, como parece indicar el hecho de que el partido del Sr. Montilla votara en contra de la propuesta, ¿por qué no estaba el líder del PSC en su escaño defendiendo a la Ministra, la misma Magdalena con la que él, compartió el banco azul del Gobierno en las Cortes durante algunos años?
En esta ocasión, como en tantas otras, el Sr. Montilla se ha vuelto a comportar como un consumado autista -no sabe, no contesta-, haciendo por omisión patente su falta de liderazgo, criterio y sentido de la responsabilidad. Porque, ¿quiénes son los responsables intelectuales y políticos del caos ferroviario de cercanías en Barcelona, de los múltiples accidentes laborales que se están produciendo en los escasos Km. que separan el aeropuerto del Prat de la estación de Sants, y, por último, del retraso y sobrecoste con el que va a llegar el AVE a Barcelona? ¿La Sra. Ministra, Sr. Montilla? Si así Vd. lo considera, debería haber acudido a ocupar su escaño, junto al Sr. Carod Rovira y al Sr. Saura, sus socios de Gobierno, para pedir con ellos la dimisión de la Sra. Ministra y hasta la del mismísimo Presidente del Gobierno Sr. Rodríguez Zapatero que asumió toda la responsabilidad por el caos ferroviario de Barcelona hace unas semanas.
II. Los nacionalistas se van de rositas
Pero si los responsables son otros, si los responsables son precisamente todos y cada uno los partidos catalanes –CiU, PSC, ERC e ICV-EUiA- que aunaron sus esfuerzos para alterar el trazado inicial propuesto por el Ministerio de Fomento e imponer finalmente un trazado disparatado, peligroso y costosísimo, también debería el Sr. Montilla haber estado en su escaño para asumir las responsabilidades propias, las que le corresponden como Secretario General del PSC y para sacarles los colores a CiU, ERC e ICV-EUiA. Porque fueron, no lo olvide, su partido, ERC e ICV-EUiA desde el Ayuntamiento de Barcelona y CiU desde la Generalitat, los partidos que insistieron y presionaron al Ministerio de Fomento dirigido entonces por el Sr. Álvarez Cascos para que el AVE Madrid-Barcelona hiciera su entrada triunfal en Barcelona desviándose hasta el Prat para arribar desde allí a la estación de Sants, donde están centralizadas la casi totalidad de las líneas ferroviarias de cercanías, regionales, nacionales e internacionales de la ciudad condal.
O, ¿acaso no recuerda el Sr. Montilla que fue el Sr. Clos, alcalde entonces de Barcelona y hoy Ministro de Industria, Comercio y Turismo, quién junto el Sr. Macias, a la sazón Conseller de Política Territorial de Cataluña, presentaron una alegación conjunta de todas las instituciones catalanas para exigir al Ministerio de Fomento que el tren parase en el aeropuerto, accediera a Barcelona por la zona franca, arribara a la estación de Sants y cruzara por un nuevo túnel todo el ensanche Barcelonés hasta la estación de La Sagrera? Tal vez hasta recuerde que fue el Sr. Clos quién desechó el trazado inicial de Fomento con el peregrino argumento de “que el trazado está destinado a optimizar las funciones ferroviarias pero no las urbanas”. ¡Y al Sr. Clos, claro está, le importaba un bledo optimizar las funciones ferroviarias! Esto es, le importaba un bledo que pudiera acaecer con las comunicaciones de cercanías, regionales y de largo recorrido. Los ciudadanos catalanes deberían también reflexionar sobre las insidias que el Sr. Clos difundió entonces, achacando la resistencia de Fomento a llevar el AVE al aeropuerto a que “Madrid todavía no tiene esa infraestructura” y sugiriendo que Fomento pretendía retrasarla hasta que se construyera “el nuevo aeropuerto de Madrid en Campo Real”, que sí contaría con ella. Los hechos posteriores han demostrado cuán falsas eran estas suposiciones urdidas por los políticos catalanes con la única finalidad de denostar a Madrid y al Gobierno de España.
A la vista de lo que realmente ha ocurrido en Madrid, los ciudadanos catalanes deberían preguntarse por qué el Ayuntamiento de Barcelona no ha seguido los pasos de Madrid y ha construido una línea de Metro para conectar el centro de la ciudad con el aeropuerto en lugar de desviar el AVE hasta el Prat sin justificación alguna. Quizás porque a los políticos catalanes les resulta menos peligroso y algo más barato urdir fantasías paranoicas e inventar agravios inexistentes en torno a Madrid que construir una línea de Metro con sus propios recursos, una tarea que como el hundimiento del túnel del Carmel puso de manifiesto a las autoridades catalanas no está exenta de riesgos. Así que mejor que paguen Fomento y la UE un AVE para conectar el Prat y Barcelona y si al perforar un túnel hay problemas pues todos a pedir corriendo responsabilidades a la Sra. Ministra y al Gobierno de Madrid.
Más allá de las cuestiones de fondo a las que me acabo de referir, lo acaecido en el Parlament de Cataluña constituye un precedente gravísimo que de repetirse puede tensar aún más las ya difíciles relaciones existentes entre las CCAA y entre éstas y el Estado Central. Ni el parlamento de una CA debe interferir en el Gobierno de España, ni las Cortes en el Gobierno de una CA. Al plantear la resolución de destitución de una Ministra en el Parlament, los nacionalistas catalanes han proseguido su misión de desgaste y desestabilización de las instituciones centrales de nuestra democracia. España no se rompe, pero se torna cada día más ingobernable e inoperante a causa de iniciativas que como ésta y el Estatut debilitan, deshilachan y fragmentan sus instituciones.
III. Invitados de piedra
Desde esta perspectiva, las intervenciones de los portavoces del PP y de C-PC el día 16 no han podido ser más decepcionantes: han unido sus voces al coro integrado por CiU, ERC e ICV-EUiA y han sumado en última instancia sus votos a los de los soberanistas e independentistas catalanes para reclamar la destitución de la Ministra del Gobierno de España. En un discurso incoherente, trompicado y espeso, el portavoz de C-PC, sucumbió a la fácil tentación de atacar a la Ministra de Fomento y al Presidente del Gobierno, achacándoles la “pésima gestión” de los servicios ferroviarios en Cataluña desde 2005 y haciéndoles “responsables de la tragedia que viven los ciudadanos catalanes cada día”. A quiénes no compartimos ni el lenguaje ni los objetivos de los nacionalistas catalanes, nos ha sorprendido desfavorablemente que el portavoz de C-PC, un partido supuestamente antinacionalista, se refiriera a los usuarios de RENFE en el área de Barcelona, no como simples ciudadanos, sino como ciudadanos catalanes, como si esta circunstancia azarosa resultara relevante.
Dejando al margen el desliz lingüístico, lo verdaderamente preocupante es que ni el PP, ni C-PC hayan sabido aprovechar la ocasión para esclarecer a los ciudadanos las verdaderas causas del actual caos ferroviario en Barcelona y establecer las responsabilidades de cada uno de los distintos partidos catalanes, los principales responsables de una tragicomedia que dura ya casi dos décadas. Perdieron también ambos una ocasión de oro para recordar a los diputados nacionalistas que no es en el Parlament de Cataluña donde se piden cuentas al Gobierno sino en las Cortes españolas. Gravísimo error el suyo de prestarse a participar como invitados de piedra en el aquelarre organizado por los nacionalistas catalanes y avalar con sus votos la inaudita pretensión formulada por los independentistas de ERC de que el Gobierno de España está moralmente obligado a aceptar las resoluciones adoptadas en el Parlament de Cataluña.
